Mi vida durante esta primera semana ha transcurrido bastante tranquilita. He estado en el hospital, no porque esté malita ni nada de eso, sino porque mamá sigue allí. Como digo, ha sido tranquilita aunque he recibido muchas visitas, mucha gente que quería conocerme y ver cómo se encontraba mamá, que no se estaba recuperando como se esperaba.
Hoy, justo a la semana de mi llegada, a mamá, al no mejorar de su cesárea, la tuvieron que volver a operar. Teniendo en cuenta que mi único “alimento” depende de mamá os podéis imaginar la situación, entre los nervios y demás. Ella, antes de entrar a quirófano me dio de comer y me tuvo en brazos hasta que se la llevaron, una vez que entró en quirófano yo empecé a ponerme nerviosilla e iba de unos brazos a otros, de mi abuela, de papá, de mis titos… cuando yo no hubo manera de calmarme tuvieron que pedir a las enfermeras un biberón preparado por si lo que me pasaba era hambre. Me lo tomé muy bien, y me quedé bastante relajada, vamos que ya estuve tranquilita hasta que volvió mamá de su operación y me tomó en sus brazos, tanto ella como yo estábamos deseando estar juntitas.
Relajadita con papá después de estar con mamá
Espero no tener que ver un biberón por mucho tiempo, porque la verdad es que eso de estar “enganchada” a mamá me encanta.
Eso, eso, tú a tomar teta que no hay más que ver lo bien que te sienta
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